VIDA Y MUERTE

"SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE"



¿ESTAS SATISFECH@ CON LO QUE HACES DE TU VIDA?

*** EL CICLO: NACIMIENTO – MUERTE ***

Como el cuerpo humano, así es el cuerpo cósmico.

Como la mente humana, así es la mente cósmica.

Como el microcosmos, así es el macrocosmos.

Como el átomo o, así es el universo.

 

LOS UPANISHADS

 

Las preguntas universales, de todos los tiempos: ¿de dónde venimos? Y ¿hacia donde vamos? han buscado respuestas en los diferentes saberes.

Desde la Gran explosión (big bang) que generó el origen de nuestro universo,  interrogantes y misterios se han sucedidos. Según Carl Sagan en “Cosmos” plantea que: “Cada cultura tiene un mito sobre el mundo antes de la creación, y sobre la creación del mundo, a menudo mediante la unión sexual de los dioses o la incubación de un huevo cósmico…”. “.La religión hindú es la única de las grandes fes del mundo que inculca la idea de que el mismo Cosmos está sujeto a un número de muertes y de renacimientos inmenso, de hecho infinito”. La representación del dios hindú Shiva, el Señor de la Danza da cuenta del ritmo creación- destrucción.

 

Todas las grandes tradiciones espirituales tienen una visión acerca del origen del mundo y del hombre. El hinduismo postula que “el mundo no tiene principio ni fin; ha existido siempre pero se encuentra en constante transformación…” y que “Brahma crea al primer hombre llamado Manú”. El budismo mantiene los preceptos hinduistas. Para el taoísmo tanto el origen del mundo como el del hombre es el Tao. En el judaísmo, el origen del mundo está contenido en el libro del GENESIS, y el del hombre es a partir del séptimo día que Dios lo crea y para que no esté sólo, crea luego a Eva. Ambos son expulsados del paraíso por comer del árbol de la sabiduría, castigando a la mujer a parir con dolor y al hombre a ganar el pan con el sudor de su frente y a ambos a morir. El cristianismo plantea que Dios creó los cielos y la tierra y luego hizo al hombre a imagen y semejanza suya. Para el islamismo Dios es también el creador del universo.

En palabras de Bert Hellinger ”…Estrictamente hablando, un ser humano no viene de los padres, sino a través de los padres. La vida viene de lejos, y no sabemos qué es aquello. El mirar hacia allá, eso es religioso. Entonces no miramos lo cercano, sino el fondo último, sin darle ningún nombre.”

 

El nacimiento y la muerte ocupan un lugar primordial en relación a todas las demás experiencias que vivencia una persona. La vida es un proceso continuo y cíclico del que la muerte forma parte. Para nuestros antepasados, el nacimiento y la muerte formaban parte de las vivencias cotidianas y permitían una comprensión más segura y sana sobre los ritmos de la vida Como diría Campbell la vida es una sucesión de nacimientos- muertes; es decir se muere al estado de  niño para transformarse en adolescente, y luego hay que morir al estado adolescente para llegar a adulto. Así como los padres traen los hijos al mundo, también acompañan a sus mayores hasta la muerte.

El proceso del nacimiento humano comporta diferentes etapas:

1) la concepción: marca el momento de la unión del óvulo con el espermatozoide. El encuentro de lo femenino con lo masculino, enlace que está tan bien representado en los símbolos del sol y la luna en las culturas aborígenes o el yin - yang del taoísmo.

Desde un enfoque psicológico es necesario considerar las circunstancias, los pensamientos y los sentimientos que tuvieron los padres desde ese primer momento, o sea el contexto en que se efectúo el encuentro sexual. En otras palabras, investigar el proyecto parental y el ambiente familiar desde la gestación Resulta claro que este primer momento de fecundación, que se da biológicamente; es también el encuentro de dos historias, con todo lo misterioso que esto conlleva. En síntesis, todo sistema depende de su ecosistema.

Dice K. Wilber en “Sexo, ecología, espiritualidad”: “El ser humano, en el momento de la concepción, es un Holón de una sola célula que abarca en sí mismo, como holones menores, a orgánulos, moléculas, átomos y partículas subatómicas, llegando hasta esas sombras oscuras que se pierden en la noche evolutiva”.

Según algunos investigadores “el óvulo fertilizado” poseería un nivel de conciencia. Preguntas como: ¿si fuiste deseado?,¿si fuiste programado? ¿qué sexo querían tus padres que fueras?,¿si hubieron abortos naturales o provocados previos? , van marcando el guión natal

 

 2) el embarazo: implica la transformación que va experimentando la madre, por un lado, y el feto, por otro, durante la estancia en el útero. La madre suele atravesar este período de forma ambivalente. El feto va recibiendo información, a través de los sistemas de comunicación que lo conectan a la madre. Los patrones de sentimientos profundos y constantes maternales van a influir en la personalidad del niño no nacido. Lo más importante es el amor que actúa como un escudo protector. La madre deseante y aceptadora de su hijo facilita el nacimiento y la salud de su vástago; por el contrario, las mujeres con una actitud negativa suelen sufrir mayores dificultades a lo largo de dicho proceso.

La haptonomía,, es un método creado por Frans Veldman (1945), cuyo terminología proviene del griego “hapto”, que significa “contacto”, “tacto”, y que introduce activamente la presencia del padre durante el desarrollo del embarazo, quien apoyando sus manos en el vientre de la madre, se conecta con su hijo. El acercamiento del padre a la madre, los sentimientos hacia ella y su futuro hijo, le generan reacciones agradables o desagradables, que serán percibidas por el niño a partir de:1) la modificación del tono de la pared uterina, con el concomitante cambio de elasticidad de la misma, facilitando o no la libertad motriz del bebé, 2) los ritmos respiratorios y cardíacos, 3) las secreciones hormonales liberadas por la madre alteran el gusto del líquido amniótico, 4) las vibraciones que llegan a su piel le permite captar sonidos mucho antes de disponer de audición. El pataleo es una forma de comunicación mensurable en la vida intrauterina; y también es una forma de comunicación fisiológica el uso que la madre haga de la ingesta de alimentos, bebidas, drogas o consumo de tabaco. Esta disciplina apunta a que la madre esté bien presente con su bebé y a crear un vínculo afectivo, lúdico y tierno que involucre al padre. Basándose en lo empírico y fenomenológico se aborda al ser humano desde la totalidad cuerpo, psique y afectividad.

En el libro “la vida secreta del niño antes de nacer”, del Dr. T. Verny y J. Nelly plantean: “Nuevas investigaciones demuestran que la placenta, que es un órgano del niño intrauterino, produce numerosas hormonas- entre ellas estrógenos, progesterona, gonadotropina coriónica, etc.- que mantienen el embarazo. Al producir dichas sustancias, el niño intrauterino participa activamente en su propia supervivencia.”

Así se van efectuando una serie de interacciones padres- niño, compartiendo directa o indirectamente las emociones de sus progenitores, creando un ambiente de seguridad o no, de acuerdo a cada caso o momento en particular. La tríada resulta esencial para la evolución del ser humano, ya que el vínculo dual madre-niño, resulta más pesado para ambos. El trabajo prenatal en el contacto padres-hijo permite la posibilidad de reparación de sufrimientos transmitidos de generación en generación. Resulta interesante también la incorporación de hermanos mayores, si los hubiera.

Lo dicho anteriormente pone en duda el punto de vista psicoanalítico, en el sentido que la vida intrauterina constituye una situación muy placentera, por estar el bebé sumergido en el líquido amniótico, que se mantiene a una presión y temperatura constante, todo lo cual hizo suponer una existencia comparable al Nirvana, al Paraíso o con el Jardín del Edén.

 

3) el parto:

Al final del embarazo el feto se pone cabeza abajo y descansa con la cabeza en la parte inferior del útero, descendiendo en la cavidad pélvica de la madre. El parto se va preparando por el descenso del nivel de progesterona en el caudal circulatorio materno, que estimula las contracciones uterinas comprimiendo el cuerpo del bebé, empujándolo a lo largo del tracto genital. Así mismo se produce una reducción gradual de la oxigenación (anoxia o hipoxia fetal). A esta primera fase de dilatación del cuello uterino, le sigue el trabajo propiamente dicho, que consiste en el pasaje del feto a través de la vagina y su expulsión al exterior. El tercer momento consiste en la eliminación de la placenta, las membranas amnióticas y coriónicas y lo que resta del cordón umbilical. Entonces, se efectúa el pasaje de la vida acuática a un medio ambiente gaseoso y una existencia social, que necesariamente requiere de un fuerte trabajo de adaptación. Este pasaje comporta momentos de placer sensual, por el bañado de los líquidos maternos y el masajeo por los músculos maternos y otros de gran dolor y miedo. Freud habló de “emociones primarias”, con respecto al placer y al dolor que acompañan el nacimiento. Estas primeras huellas podrían reflejar símbolos religiosos y culturales universales como las distinciones entre el cielo y el infierno.

Dice Campbell: “.El parto es, sin duda alguna, una hazaña heroica, por cuanto constituye un dar parte de sí mismo para la vida de otro…”

Existen tres grandes formas de parto natural: 1) la técnica de Dick-REad, que consiste en enseñar ejercicios respiratorios y priorizar la preparación, 2) el método de Lamaza que se hace hincapié en la disciplina y la maestría para dominar la situación, 3) el método Bradley, que puntúa que todos cumplan con el objetivo, tanto la madre, el padre, el bebé como el médico y recalcan lo importante de lo sensible sobre el físico. Existe también el método Le Boyer, quien escribió ”El nacimiento sin violencia”, quien postula un “parto convencional delicado”, combinado aspectos de los partos naturales y médicos., se busca un ambiente con luces suaves, contacto inmediato con la piel de la madre, demora en el corte del cordón umbilical, masajes y baño por parte del padre.

 

4) el nacimiento: es una de las experiencias más importantes y profundas de la vida, que incluye cambios revolucionarios y drásticos. Es una especie de terremoto, rodeado de una especie de efecto amnésico. Varios investigadores norteamericanos que han hecho experimentos con animales; atribuyen a la oxitocina (la principal hormona del organismo femenino para inducir a las contracciones uterinas y la lactancia) la ausencia de recuerdos de este momento. La capacidad de recuperarlos dependería de la hormona adrenocorticotrofa, que se libera cuando la gestante está tensa, presionada o temerosa. El hecho que no recordemos algo concientemente no significa que no haya quedado registrado

 Ashley Montagu describe minuciosamente las transformaciones que sufre el recién nacido: “…Tras el nacimiento, el aire atmosférico afluye por vez primera a los pulmones, los cuales al aumentar el volumen, oprimen el corazón y le obligan a efectuar una paulatina rotación. Surge, por decirlo así, un antagonismo espacial entre el corazón y los pulmones. Se inicia la oclusión del conducto arterioso mediante el que se comunicaban en el feto la arteria aorta y la pulmonar, evitando el paso de la sangre a los pulmones. La bóveda del diafragma comienza a elevarse para luego descender, y la caja torácica se dilata, avivando con ello el malestar del recién nacido. Y este, que solo aspira a ver reanudarse la vida uterina que tan bruscamente ha interrumpido el proceso del parto, no recibe, en las sociedades superdesarrolladas de nuestro mundo occidental, sino una fría acogida…” Como dice R. Laing: “…En vez del nacimiento de un niño, asistimos a una extracción quirúrgica.” Resulta significativo revalorizar la celebración de la vida que el nacimiento trae, alejándolo de la visión de un estado asociado a la enfermedad

Cabe recordar “el meme naranja”, el del “logro científico” que menciona Graves, donde el poder del desarrollo tecnológico, facilitó embarazos y partos difíciles, pero al mismo tiempo alejó del contacto íntimo bebé- mamá

Nuestros antepasados han advertido sobre las influencias que las experiencias de la madre tienen sobre el hijo no nacido. En las culturas aborígenes, las mujeres suelen parir en cuclillas, aprovechando la fuerza de gravedad, y continúan teniendo a sus bebés en la espalda, manteniendo el casi ininterrumpido contacto típico de los primates. En estas sociedades el nacimiento de un niño es un acontecimiento público. En nuestra sociedad occidental esta experiencia se ha desplazado de lo familiar a lo profesional, y de la jurisdicción femenina a la masculina.

Como diría J. Campbell todos somos héroes al nacer, implica una travesía, un salirse de la seguridad conocida y convencional, transformarse y enfrentar muchos peligros. “…Y cuando vuelves de tu travesía, con el niño, le has aportado algo al mundo…”

Los padres hacen mucho más que dar vida, dado que modelan el futuro del hijo. Los cuidados que el bebé recibe al nacer, desde el aseo, la alimentación, la manera que lo miran, que le hablan; que lo tocan conforman una información infraverbal que se imprimen en las células del cuerpo constituyendo los “engramas”, el “sentimiento de sí”, su “seguridad básica”. C. Dolto habla de “contacto afectivo confirmante”: como ese tipo de contacto que brinda confianza y hace al otro sentirse confirmado y reconocido como bueno. Otros autores reafirman la importancia de las intimidades del útero, para comprender las intimidades de la infancia y de los estadios posteriores de la evolución humana. El vínculo posterior al nacimiento es la continuación de lo que había comenzado antes. Todo lo que una mujer hace y dice con su bebé resulta fundamental para protegerlo y nutrirlo. El amor, es vital; tal es así que la enfermedad conocida como “marasmo” , que proviene de la palabra griega “consumirse”, es la responsable de las muertes por falta de abrazos.

Resulta significativo investigar, si hubo depresión post-parto, o depresión por la pérdida de algún ser querido, si la madre sufrió de hemorragia, episiotomía, infección o algún otro tipo de complicación que pueda alejar del contacto mamá-bebé. Es decir, que el contexto en que la persona nace (usos, costumbres, modas, hábitos, crisis) resulta sumamente importante.

 

5) el trauma del nacimiento: es el primer choque físico y emocional que vivencia el niño al entrar al mundo. Según Catherine Dolto “Se trata de pasar de un estado cuasi simbiótico con la madre a la autonomía y a la soledad…”

En el momento del nacimiento se transmite, de generación en generación, la visión colectiva de la existencia y del mundo que tiene cada cultura. De hecho, la madre, el padre, los familiares cercanos, el médico, la enfermera; todos activan sus traumas natales con la llegada del recién nacido. Las actitudes hacia el proceso del nacimiento han variado según las épocas y los lugares. En la cultura occidental existen resabios del padecimiento de las mujeres al dar a luz como castigo por el pecado original

 

6) formas de nacimiento: las investigaciones recientes puntúan que las condiciones fisiológicas al nacer predisponen al individuo a un amplio abanico de daños psicológicos u orgánicos. El nacimiento es un encuentro, donde parece que se toman decisiones, que harán que la vida se siga viendo a través de los ojos de esa primera experiencia.

Nacimiento normal: el concepto de “normal” depende de la idea que cada uno tenga acerca del mismo. En general, se presupone que no ha habido contratiempos. Por ejemplo: el azote, para hacer que el niño respire, algo totalmente aceptado en nuestra cultura suele producir dolor y miedo.

Otros tipos de nacimientos son: por cesárea, “de nalgas”, con el cordón umbilical alrededor del cuello, prematuros, atrasados, no deseados, con anestesia, inducidos, parto seco, con fórceps, múltiples, posteriores a un aborto o un hijo muerto. Resulta interesante chequear estas diferentes maneras de nacer con la genealogía familiar, investigando duelos no realizados, las sincronías y coincidencias de fechas, edades, situaciones de nacimiento, de muerte, de separación, las repeticiones, los secretos  

 

7) el neonato

El recién nacido presenta, en general, rasgos todavía fetales. La transición completa del modo de vida fetal al posnatal requiere entre dos semanas y un mes. Las nuevas actividades que debe enfrentar son: la respiración, la alimentación unida al proceso de digestión y defecación, el control de la temperatura que se va desarrollando lentamente. Tiene que adquirir la certeza  que será ayudado por los adultos, esto le lleva entre dos o tres meses. Desde lo prerracional percibe el tonus de representación de las personas que se le acercan. La forma como es transportado, limpiado, acunado, alimentado fortalecerá o no su “seguridad básica”, de confort o no, de libertad o de inmovilidad. Así mismo, plantea D. Morris en “Comportamiento íntimo”: “…La madre abraza a su retoño, lo sostiene, lo mece, le da palmaditas, le besa, le acaricia, le limpia y le amamanta, y le canturrea y le murmura. Durante esta primera fase, la única acción realmente positiva de contacto del niño es chupar; pero emite dos señales vitales con las que anima a la madre a realizar acciones de intimidad y de estrecho contacto. Estas señales son el llanto y la sonrisa. Llanto para iniciar el contacto, y sonrisa para mantenerlo. Al llorar, dice: “ven”, y al sonreír: “Quédate, por favor”…..” Los bebés que han sido bien acompañados se descubren en: su mirada, el porte de su cabeza y de su columna vertebral  Cuanto mayor es la atención en los primeros meses, esto facilitará una mejor autonomía. Así mismo, respetar sus necesidades individuales fortalecerá el desarrollo de su autoestima.

Francoise Dolto ha marcado que todo hijo se desarrolla en un determinado clima y es el que arrastra las secuelas del pasado de sus padres, en tal sentido escribe: “El es portador de esa deuda contraída en su época fusional prenatal, y luego de las dependencias postnatales (deuda) que lo han estructurado”.Esta misma autora postula que el inconciente de la madre y el hijo están ligados, de tal manera que el hijo capta los temas familiares a lo largo de dos o tres generaciones.

 

8) la significación de la elección del nombre

La elección del nombre marca una identidad familiar y social. Resulta importante discernir cual fue el imaginario (bíblico o evangélico, un recordatorio secreto, un personaje exitoso de la política, la música, el teatro, el deporte, etc) que llevo a dicha selección y quien o quienes lo eligieron. Saber el significado profundo que ese nombre comporta es vital para la posterior evolución del niño/a. Cabe mencionar las palabras de Freud en relación a la elección del nombre de sus hijos: “Me importaba que los nombres no fueran elegidos según la moda del momento, sino determinados por el recuerdo de personas queridas. Los nombres convierten a los niños en resucitados” (Freud 1900, “la interpretación de los sueños”)

Según lo expresado por A. A. Schutzenberger: “todos nacimos de parejas mixtas”, es decir el ser humano posee linajes matrilineales y patrilineales, y en este sentido, influyen las historias familiares, las obligaciones, los mitos  y los modos de vivir distintos. Se complejiza aún más cuando existen diferentes religiones, nacionalidades, razas; desigualdad de color, de política, sindical e incluso culinaria.

En otras palabras, el nombre y el apellido llevan a una ubicación social, geográfica, cultural, religiosa y/o étnica del recién nacido.

Entonces cada individuo recibe al nacer una herencia mitológica que proviene de nuestra cultura, un legado entregado por las familias, los maestros religiosos, los educadores, los medios de comunicación masiva y los semejantes. A lo largo de su evolución el hombre deberá forjar el dominio de su propia vida, combinando los mitos culturales y familiares con su propia historia personal.

 

BIENVENIDO AL HOGAR

 

Apresurado por conocer el mundo, Todo mi cuerpo se convulsionó,

Aferrado a mis entrañas, sostenido,

Detuvimos el tiempo entre los dos.

 

Pichoncito indefenso, prematuro,

Cría humana de encarnado amor,

No veo bien por dónde va el deseo

Pero mirándote me encandila el sol.

 

Gotas de vida brotaron de mis pechos

Fruto maduro entregado a ver…

Por un instante la mítica presencia

Y en el siguiente, la realidad más cruel.

 

Dejarme atravesar por tu existencia

Nombrándote Hijo, marca de tu ser,

Aquél que libremente se abre paso

Y que de mi pecho, ya no ha de beber.

 

 María Marta de Palma

(ex alumna de U.K.)

Entonces, la llegada de un hijo requiere de la unión de dos elementos diferentes (óvulo-espermatozoide), de una transformación biológica, emocional, mental, social hasta espiritual; tanto del bebé como de la madre, que involucra necesariamente la presencia del padre, hasta alcanzar el pasaje a otro nivel (parto) y continuar el proceso evolutivo.

Breves abordajes biológicos, psicológicos, mitológicos, morales sobre el nacimiento.

R. Laing en “La voz de la experiencia” reconoce la pauta formal entre los mitos indios y científicos, estableciendo un paralelismo:

“…Un antiguo pensamiento de la India postula un Ser inicial, la primera forma de vida en la tierra, análogo a nuestra versión del temprano arreglo procariótico de la membrana de ácido nuclear limitado, la célula inicial, nacida del relámpago y el metano. El ser indio, indefinido e indefinible, encontrándose totalmente solo, temiendo la muerte y anhelando compañía empezó a aumentar de tamaño, se recompuso por dentro y se dividió en dos mitades idénticas. Una de ellas se convirtió en una vaca, mientras que la otra se transformó en un toro, se aparearon y volvieron a mutarse. Esta vez se convirtieron en una yegua y un caballo, y así sucesivamente descendiendo hasta las hormigas. Por fin la tierra quedó poblada. Evidentemente se ha simplificado aquí mucho, y abreviado demasiado para los modernos propósitos, no obstante el mito esencial es perfectamente reconocible.

 

La primera forma de vida en la tierra.                                    La primera forma de nuestro ciclo de vida

La célula inicial                                                                      El zigoto

Nacida del relámpago y del metano.                                       Concebido por el esperma y el óvulo

Sola, crece y se divide en dos mitades idénticas.                   Solo, el zigoto crece y se divide en dos mitades idénticas

Y así sucesivamente hasta que la tierra queda poblada           y así sucesivamente hasta que la población de células de nuestros cuerpos queda completa”

 

Se han encontrado en antiguos mitos referencias a formas uterinas, fetales, umbilicales placentales.  Piaget ha marcado que los mitos de la génesis inventados por los niños para explicar sus orígenes o los de las cosas; suelen ser diferentes; pero en todos subyacen lo mismo: que las cosas han sido hechas por alguien, que están vivas y que responden a órdenes de sus creadores. Así mismo, en los mitos de origen, dentro de diferentes culturas, difieren pero mantienen un hilo conductor: en cuanto que el universo vivo es la obra de un Dios padre-madre o madre-padre.

 

Cabe reconocer a Freud como el primero en esbozar que: la angustia vital que experimenta el sujeto esta asociada al trauma del nacimiento. No profundizó en dicha idea; pero sí hizo hincapié en las grandes dificultades psicológicas y físicas que comportaba el pasaje por el canal de parto. Sin embargo no aceptó los desarrollos de su discípulo Otto Rank. Para este autor el trauma del nacimiento es la primera experiencia de separación, dolorosa y aterradora, que luego será reeditaba con las sucesivas frustraciones posteriores. En este sentido, el conflicto central humano consiste en el deseo de regresar al útero y en el temor de dicho deseo. Fuera del mismo el recién nacido enfrenta la irregularidad del suministro de alimentación, la ausencia de la madre, las oscilaciones térmicas, los fuertes ruidos, tiene que respirar, tragar, evacuar. Es decir, la situación postnatal es menos favorable que la prenatal.

 

Tanto para Jung como para Freud no hay recuerdos ontogenéticos del propio nacimiento, por inmadurez del sistema nervioso, pero si un sentido filogenético. A la luz de los nuevos avances neurocientíficos se sabe que el bebé posee un equipamiento neural capaz de realizar operaciones mentales mucho más complejas de lo que se pensaba. Los aportes de W. Reich sobre una “memoria motriz” y los de la psiconeuroendocrinología sobre la “memoria celular” abren nuevos interrogantes y nuevas certezas.

 

Catherine Dolto en “Haptonomía pre- y postnatal” escribe: “…Esta clínica permite comprender mejor que no existe una memoria sino varias memorias más o menos arcaicas, más o menos conscientemente activas que se reparten en toda la corporalidad, y cuyas puertas de entrada son sensoriales. En toda la construcción de la persona, como en la de esas memorias diversas, las emociones, al ser experiencias, juegan un rol esencial. Las percepciones internas y externas, acompañadas de emociones, son generadoras de pulsiones. Como vamos a mostrar, la clínica haptopsicoterápia nos conduce a pensar que es necesario revisar la cuestión de la amnesia infantil a la luz de los nuevos conocimientos…”

 

Estudios más recientes efectuados con experiencias respiratorias, tanto el trabajo de Leonard Orr, con la respiración consciente o rebirthing (renacimiento) que intenta revivir física, psicológica y espiritualmente el momento del primer aliento y superar el choque que le causó; como el de Stanislav Grof con la respiración holotrópica (del griego, significa “moverse hacia lo integro”) y el descubrimiento de las matrices perinatales (incluye todas las experiencias relacionadas con el parto que marcarían posteriores alteraciones psicopatológicas), confirman la existencia de distintas memorias. A través de estos trabajos experienciales se observa la estrecha conexión nacimiento-muerte y se pueden liberar recuerdos lejanos. Más allá de las críticas efectuadas a Grof, con respecto a que equipara la experiencia mística con la experiencia oceánica-simbiótica del feto con la madre, cabe reconocer sus investigaciones a cerca de las cuatro etapas del proceso del nacimiento.

 

Los estudios actuales sobre neurología, fisiología y las nuevas tecnologías han permitido saber más sobre la vida del niño intrauterino; descubriendo la capacidad de ver, oír, experimentar, degustar de una forma primitiva. Se sabe que a partir de la semana dieciséis el feto es muy sensible a la luz. El comienzo de la conciencia fetal  surgiría  bien entrando el segundo trimestre, cuando los circuitos neurales del cerebro están desarrollados como en un recién nacidos, y la corteza cerebral madura lo suficiente como para sostener la conciencia. Luego de unas semanas, las ondas cerebrales se vuelven definidas.

 

La psicología prenatal puntúa que los acontecimientos vividos in útero, afectan de manera distinta, dado que no se ha constituido un sistema de defensa. Para este movimiento el nacimiento y las experiencias prenatales son fundantes de la personalidad humana. En el útero comienza a surgir un sentido rudimentario del “yo”.

 

Desde la perspectiva humanista-transpersonal, el origen de la conciencia humana debemos buscarla desde el momento en que se unen las células masculina y femenina, no a partir del nacimiento

 

Estos nuevos hallazgos de las distintas disciplinas sobre la vida prenatal introduce interrogantes legales y morales sobre temas como: el aborto, la inseminación artificial, los niños probeta, etc. Cuestiones difíciles de responder. Wilber postula que el desarrollo moral humano atraviesa tres estadios básicos: en su nacimiento, el ser humano no está socializado e integrado en ningún sistema de desarrollo moral (es “preconvencional”), entonces el humano aprende de sí mismo y de los demás un modelo moral general que representa los valores básicos de la sociedad en que ha crecido (se hace “convencional”); y si se desarrolla más allá, el individuo puede llegar a reflexionar sobre su sociedad y de esta forma alejarse de ella una cierta distancia, adquiriendo la capacidad de criticarla o reformarla (el individuo se hace hasta cierto punto “postconvencional”)

 

Para Ken Wilber el desarrollo evolutivo que se inició con el Big Bang fue atravesando estadios que incluyeron y trascendieron a los anteriores, en este sentido, la aparición y transformación de la fisiosfera o cosmos (materia) permitió la vida (biosfera), el despliegue de lo biológico trajo las condiciones para el surgimiento de la mente (noosfera) y la evolución de ésta última permitió la conciencia de lo divino (teosfera) Este proceso de todos los dominios de la existencia lo llama “Kosmos” y lo estructura en cuatro cuadrantes. Tanto el nacimiento como la muerte comportan:1) una profunda transformación biológica (cuadrante superior-derecho), 2) un desarrollo de la conciencia (cuadrante superior-izquierdo), 3) significados. según las diferentes culturas (cuadrante inferior-izquierdo), 4) e influencias de acuerdo con la sociedad en la que se vive (cuadrante inferior-derecho).

 

En este ciclo “nacimiento – muerte” cabe transcribir lo dicho por A. Schutzenberger:: “…La deuda que cada niño tiene con respecto a sus padres por el amor, el afecto, los cuidados, la fatiga, y las diversas consideraciones de las que fue objeto desde su nacimiento hasta el momento que se convierte en adulto, es la “deuda” más importante de la “lealtad familiar”. La manera de saldar las deudas es transgeneracional, es decir que aquello que recibimos de nuestros padres, lo devolvemos a nuestros hijos. Lo cual no impide que, cuando nuestros padres se vuelven ancianos, tengamos para con ellos consideraciones, deudas, entre ellas, la de ayudarlos a vivir sus últimos años, a pasar de la vida a la muerte.

EL PROCESO DEL MORIR

MORIR

No es cerrar los ojos

Porque llegó la noche final,

Sino bajar los párpados

Para no ser encandilado

Por la luz de un amanecer;

 

No es cruzar las manos

Porque llegó el final de la tarea,

 Sino descansarlas un poco

Porque pronto comienza

La tarea definitiva

 

No es detener los pies

Porque se acabó el camino;

Sino darles un descanso

Para estar de pie mañana;

 

No es callar la voz

Porque llegó el silencio para siempre,

Sino darle un descanso

Porque mañana habrá que amanecer cantando;

No es finalizar la marcha

En la oscuridad total,

Sino cruzar un túnel

Hacia la luz total;

 

No es sufrir la última desilusión

Porque todo acaba,

Sino vivir la última esperanza

Porque todo empieza;

No es morirse para siempre,

Sino comenzar a vivir,

De otro modo

Y para siempre.

 

RENE JUAN TROSSERO

“VIVE CON TUS MUERTOS QUE VIVEN”

 

 

VISION HISTORICA

Dada la complejidad de la asistencia al paciente muriente, el mismo requiere de un abordaje multidisciplinario. La muerte es un fenómeno aterrador y el miedo a la  misma resulta casi universal. Lo que se ha ido modificando, a lo largo del tiempo, fue la manera de hacerle frente, el hecho de morir y la actitud ante el moribundo.

 

El hombre, es aquel animal que en su evolución se tornó consciente de su muerte y para poder soportar el miedo a su final inexorable fue creando símbolos culturales que perduraran en el tiempo y le dieran la ilusión de inmortalidad.

Desde el estado de indiferenciación de nuestros antepasados (hace 3 o 4 millones de años) que vivían inmersos en la naturaleza, en un nivel de desarrollo prepersonal, carente de autoconciencia fueron despertando a su vulnerabilidad, su finitud y su incompletud . Escribe Campbell en “Las máscaras de Dios” “…las sepulturas y los santuarios erigidos por el hombre de Nearderthal constituyen la primera evidencia clara de la presencia de rituales religiosos, el primer intento humano de hacer frente a la impronta de la muerte…”. El surgimiento del  pensamiento animista, superticioso llevó a la utilización de la magia tanto para protegerse de la muerte como para provocar la muerte ajena .La implementación del ritual cumplió la función paradójica de control y sumisión a lo inevitable del destino. Cabe señalar, que los primeros visionarios, que se adelantaron a su tiempo, fueron los chamanes. Se adentraron en los misterios de la vida y la muerte  y en sus viajes al mundo superior e inferior, pudieron interpretar las realidades ordinarias y extraordinarias. El viaje chamánico marcó la aceptación de la muerte y los primeros atisbos de “trascendencia “de la sensación de identidad separada.

.En la medida que el hombre fue ascendiendo en su proceso de evolución, mayor fue el miedo a la muerte y mayor los símbolos de inmortalidad como dan cuenta las pirámides, el culto a los muertos de los egipcios, la magnificencia de monumentos mortuorios en las diferentes culturas. Prigogine expresó que las primeras esculturas fueron funerarias y fueron la forma de eternizar el tiempo.

 

Wilber planteó que los caminos que utilizó el hombre para enfrentar a Thanatos (figura simbólica de la muerte en la antigua Grecia) fueron dos: 1) negar y reprimir la muerte (más propio de Occidente) o 2) trascenderla en la “Totalidad supraconsciente” (más propia de Oriente).

El primer camino se reflejó en la visión de la muerte en Occidente. Philippe Ariés, en su libro “La muerte en Occidente”, basándose en investigaciones sociológicas, etnológicas, antropológicas y en la literatura hizo una clara disquisición según: los momentos históricos, las clases sociales, comparando a Europa y a EE.UU. Este estudio abarcaría el estado personal del desarrollo de la consciencia que menciona Wilber.

Ariés mencionó que la actitud tradicional frente a la muerte fue de simplicidad, familiaridad, aceptación del orden de la naturaleza, inclusión de los niños en la misma. La actitud participativa, el duelo compartido permitieron ver a la muerte como parte de la vida. Era una ceremonia pública y organizada donde el moribundo era dueño de su muerte. El mismo era consciente de su final y sabía como comportarse porque había participado de otras situaciones semejantes; En la etapa final llamaba a cada familiar, a cada amigo: se despedía, les pedía perdón y los bendecía. Existía un espacio para estar a sola con Dios, “…para que no se interfirieran distracciones en el cuidado de su alma…”.Dicho autor expresa”…El hombre de la segunda Edad Media y del Renacimiento pretendía participar en su propia muerte un momento excepcional que confería a la individualidad su forma definitiva. Sólo era dueño de su vida en la medida que era dueño de su muerte. Su muerte le pertenecía a él  y sólo a él. Ahora bien, a partir del siglo xvII, cesó de ser el único en ejercer la soberanía sobre su propia vida y , por consiguiente, sobre su muerte. La compartió con su familia…”

.En la actualidad se ha convertido en algo vergonzoso, se ha vuelto tabú, tal es así, que se ha transformado en la innombrable. Dijo Ariés “…La desaparición de la muerte en el discurso y en los medios familiares de comunicación pertenecía, como la prioridad del bienestar y del consumo, al modelo de las sociedades industriales…”.Es decir, que en una sociedad formada para el  bienestar no hay espacio para la tristeza y la muerte. Hoy, el moribundo carece de valor social, suele morir en el hospital más que en su casa como era antaño. Entonces, la muerte  deviene un fenómeno técnico que depende más de la decisión del médico y del equipo técnico, que del paciente y la familia .Se desdibuja el lugar del moribundo y se lo trata como un niño, al que no se escucha. El médico prolonga la vida, se aleja de la muerte, como si el agonizante reflejara su derrota y deja en manos de la tecnología y las enfermeras el proceso final del enfermo. “…La actitud ante la muerte se ha visto modificada no sólo por la alienación del moribundo, sino por la variabilidad de la duración de la muerte; está ya no posee su buena regularidad de otrora: aquellas horas que se intercalaban entre los primeros avisos y los últimos adioses. Los progresos de la medicina no cesan de alargar esta duración. Dentro de ciertos límites, podemos abreviarla o ampliarla: todo depende de la voluntad del médico, de los recursos del hospital, de la riqueza familiar o estatal…” El duelo también pierde representatividad, lo reflejan la paulatina desaparición de sus manifestaciones como el luto, los pésames, los rituales. Se  busca sacar la carga dramática, evitar las emociones intensas.

Esta posición mecánica, despersonalizada, hasta deshumanizada resulta una manera autodefensita y corresponde al nivel  del “logro científico” (meme naranja) de la “Dinámica Espiral” .Cuando el hombre alcanza  el “yo sensible” (meme verde) comienza a vislumbrar la espiritualidad, la sensibilidad, el trabajo en red., la posibilidad de acceder a la totalidad supraconsciente En los estados ordinario de consciencia, el individuo se identifica con el cuerpo, la mente y se experimenta como diferente y separado del mundo, en estados ampliados accede a la consciencia unitiva. “…Nuestro viaje es como una poderosa cascada, decía el maestro de zenShunryu Suzuki Roshi. Por debajo y por encima de la cascada está el río. Es el mismo río, la misma agua. Pero cuando el río cae sobre el borde, no lo hace como una masa de agua. Transformado en distintas corrientes, produce turbulencias .El agua parece hervir y se oye el rugido constante de la cascada. Es como si no pudiera fluir serenamente al separarse y se alborota al caer.

Del mismo modo, decía el maestro, antes del nacimiento y antes de la muerte, somos como el agua de un río. Sólo después del nacimiento experimentamos esta sensación de disociación, de dificultad. Al no darnos cuenta de que seguimos formando parte del río, tenemos miedo.

Pero bajo la cascada, al final de nuestro viaje, las aguas turbulentas regresan a su unidad original con el río y prosiguen su movimiento inexorable hacia al mar.

“Qué dichosa debe sentirse el agua al regresar al río –dijo el maestro- Si es así, ¿qué sentiremos al morir? Una paz perfecta, una paz perfecta.” *1

 

Es decir, la conciencia individual desaparece con la muerte, porque la misma se sitúa en las dimensiones biológicas y psicológicas, y en un tiempo y un espacio limitados; mientras que la conciencia expandida trasciende a la muerte porque se ubica en el plano espiritual. El camino hacia el Punto Omega, donde se alcanza el núcleo personal de convergencia en el que el universo se refleja y en el que se resuelve el misterio de lo uno y lo múltiple.

El segundo camino que referenció Wilber, se inició en Occidente con  C. Sanders, E. Kubler Ross,  que han humanizado y enriquecido la visión del acompañamiento al paciente moribundo.

La experta en tanatología Klubler Ross, sugirió reflexionar sobre nuestra propia muerte, en vez de negarla y afrontar las inquietudes, ansiedades que la misma despierta. La familiarización y la comunicación de estos temas podrían colaborar en disminuir la destrucción en el mundo. Ha escrito sobre las grandes lecciones que dejan los moribundos. Planteaba que al borde de la muerte  se ven las cosas con mayor claridad, se aprende que es lo verdaderamente valioso de la vida. En este sentido, Carlos Castaneda, antropólogo, cuyas obras literarias  revalorizaron  la cultura mesoamericana,  sugirió tomar a la muerte como consejera. Escribe en “Viaje a Ixtlan” “…Morir es algo monumental. Es algo mucho más que estirar la pata y ponerte tieso”. Y se pregunta: “¿Cómo puede uno darse tanta importancia sabiendo que la muerte nos está acechando.” y continúa “…La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te esta saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te diría: Todavía no te he tocado; en síntesis dice: “…La muerte es nuestra eterna compañera…”

La mayoría de las personas viven absortas en inmundo ilusorio, apegándose, sin discriminar que algún día morirán .Aquel que trascendió las ilusiones de la vida, descubre el eterno que yace bajo todas las formas cambiantes. Un cuento oriental dice:”…Un sabio hizo un viaje por el océano, y a través de él se mantuvo repitiendo a todos los pasajeros:”Siempre recuerden que la única cosa que nos separa de este océano y de una muerte instantánea es una delgada capa de madera.” Los pasajeros ocupados en los entretenimientos del barco, pronto se enojaron con el sabio, y le dijeron que los dejara solos. Una noche, hubo una terrible tormenta en el mar y el barco naufragó .Muchos se ahogaron instantáneamente Unos pocos, incluyendo  el sabio, fueron capaces de tomarse de trozos del barco naufragado y flotaron a salvo .Los pasajeros estaban histéricos de pánico y miedo; sólo el sabio permanecía imperturbable. Cuando alcanzaron la tierra, le preguntaron:”¿Cómo pudo permanecer tan calmo en medio del desastre?”El replicó:”Yo les dije que siempre estaba recordando que la única cosa que nos separaba de una muerte instantánea era la delgada capa de madera.”*2

Las filosofías orientales sitúan a la muerte, dentro del vasto ciclo de la existencia cósmica. Para los hindúes, el dios SHIVA, Sr. de la “destrucción” y también de la “creación”, representa el vínculo entre vivos y muertos. Sin el dolor y el sufrimiento de la aniquilación, la creación constante del universo sería imposible.

El Buda, adhería a la idea de la transitoriedad de todo lo finito, reconocía el perecimiento constante de todos los objetos naturales.

Un taoísta es  un hombre que busca la inmortalidad en la vida presente. Esta inmortalidad, no es tanto una longevidad por la cual el hombre no muere, sino un estado desde el cual no desciende a los castigos de un terrible submundo después de morir.

El símbolo del TAO, la representación del YING y el YAN, permite acceder a los secretos del mundo más allá de las palabras. El mismo marca la relatividad, la interdependencia de los opuestos, hasta el punto de considerar la vida y la muerte como ciclos complementarios del ritmo del tao. CHANG TSE expresó de forma directa su confianza ante la muerte:

Existe el mundo,

La base de mi experiencia corporal

Me agota con trabajo y obligaciones

Me da descanso en la vejez

Me da paz en la muerte

Porque quien me haya dotado de lo que necesité en la vida

También me lo dará en la muerte.

El Corán presenta la vida como una oportunidad breve, pero inmensamente preciosa, de hacer una elección para siempre.

El rol de la religión, en su aspecto exóterico, da a las personas un marco de contención frente a la muerte. La creencia en otra vida, donde se recompensa los padecimientos y dolores sufridos en la tierra otorga una finalidad, un sentido y una esperanza. En todas las religiones, resulta esencial, la posición de entrega y de fe por parte de sus fieles.

H. Smith, un estudioso de las religiones del mundo escribió :”….si bien el Espíritu es infinito, el ser humano sigue siendo finito y sus envolturas humanas-el cuerpo, la mente y el alma- ocultan al Espíritu que mora en su interior…”

Los filósofos, los místicos y los profetas han hipotetizado, en diferentes tiempos y lugares, la existencia de una realidad estratificada en múltiples niveles (la “Gran cadena del ser”) y que impacta en la amplio espectro de la experiencia humana. Es decir, el microcosmos es un reflejo del macrocosmos. El hombre esta constituído por materia, cuerpo, mente, alma y Espíritu.

Wilber, en “Antología” comentó un ejercicio para el desarrollo del “testigo”:”…Quien quiera empezar a trabajar para lograr la intuición de este ser trascendente que todos llevamos dentro-del nosotros que no es nosotros-, puede proceder de la siguiente manera:

Recitar lentamente en silencio, para uno mismo, lo que sigue, procurando darse cuenta lo más vívidamente posible de la importancia de cada uno de los enunciados:

Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo. Puedo ver y sentir mi cuerpo, y lo que se puede ver y sentir no es el auténtico Ser que ve. Mi cuerpo puede estar cansado o excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, pero no tiene nada que ver con mi yo interior. Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Tengo deseos, pero no soy mis deseos. Puedo conocer mis deseos, y lo que se puede conocer no es el auténtico Conocedor. Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia, pero no afectan a mi yo interior. Tengo deseos, pero no soy mis deseos.

Tengo emociones, pero no soy mis emociones. Puedo percibir y sentir mis emociones, y lo que se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor. Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior. Tengo emociones, pero no soy emociones.

Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos. Puedo conocer e intuir mis pensamientos, y lo que puede ser conocido no es auténtico Conocedor. Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, pero no afectan a mi yo interior. Tango pensamientos, pero no soy mis pensamientos.

Hecho esto-que se puede repetir varias veces-, uno afirma tan concretamente como sea posible: Soy lo que queda, un puro centro de atención consciente, un testigo inmóvil de todos estos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos…”

Campbell confirmó lo antedicho al decir:”…En la trascendencia. Se trata de una experiencia esencial en la mística. Mueres en la carne y naces en el espíritu. Te identificas con la conciencia y la vida de la que tu cuerpo no es más que el vehículo. Mueres como vehículo y te identificas en tu conciencia con aquello que el vehículo transporta. Es Dios…”

 

El reloj como símbolo de la muerte, da cuenta de una visión lineal del tiempo que discurre en pasado, presente, futuro y al final la muerte. Desde lo circular, la vida es un continuo flujo cíclico de nacimiento-muerte. El esquema de la muerte dando origen  al nacimiento, y el nacimiento dando origen a la muerte  es un tema común en las leyendas de diferentes culturas. Cada generación tiene que morir para que la siguiente pueda nacer.

 La experiencia del “Viaje del Héroe”, da cuenta de las sucesivas muertes que debe atravesar el individuo, desde el tránsito de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la adultez, hasta alcanzar su auténtica identidad y tener la posibilidad de enriquecer el mundo. La observación de la naturaleza muestra esa danza biológica de nacimiento-muerte y el incesante intercambio con el medio. En realidad, nos pasamos la vida aprendiendo a morir.

La técnica de respiración holotrópica implementada por  S. Grof lleva a la confrontación experiencial con la muerte y suele estar íntimamente entrelazada con diversos fenómenos vinculados al proceso del nacimiento. Gunnel Minett, utiliza la técnica de rebirthing , escribe en “Respiración y espíritu”: “…Las experiencias transpersonales en la prácticas de la respiración consciente conducen a preguntarse por el proceso de envejecimiento y también por la muerte y el morir. Para muchos, estas experiencias crean una nueva actitud respecto de la muerte, una vez que han sido integrados tanto el impulso de muerte como las capas más profundas del miedo. Con frecuencia la muerte es considerada una transición en lugar de un final, y el tema se aborda con más interés que miedo. …” “…La percepción de la muerte como un final definitivo sólo se extendió entre quienes sostienen la visión de un mundo mecánico, visión dominante en el siglo actual. La mayoría de las culturas y religiones consideran que la muerte es una forma de continuidad…”

Tomando a Larry Dossey, quien expresa:”…Podemos considerar al nacimiento y a la muerte como sucesos que tienen lugar en uno y otro cabo del despliegue asimétrico de acontecimientos que llamamos vida, pero no tienen un carácter absoluto en cuanto principio o último fin. En la nueva concepción de la salud, la muerte pierde su fuerza. ….Para que muera uno, deben morir todos. Todo el entramado de interconexiones tendría que quedar interrumpido, y no sólo este o aquel proceso individual, para que pudiéramos hablar de verdadera muerte…”

A partir de los avances de la física moderna y de otras disciplinas, la ciencia ha tenido que admitir la existencia de realidades invisibles. Algunos científicos consideran que el 90%  y algunos hasta que el 99% del universo es invisible. Recordando a San Agustín decía: “Los muertos son seres invisibles, no ausentes”.

El ser humano como campo de energía vibrante que es, está constantemente en intercambio con el resto del cosmos. En este sentido, la muerte se entiende como la dispersión de las energías del cuerpo. Este proceso de dispersión es descrito en las disciplinas asiáticas como la disolución de las energías que forman al hombre. Entonces, los moribundos padecen de: desintegración del elemento Tierra (pérdida de sus fuerzas), disolución del elemento Agua (descompensación de los fluidos corporales), del elemento Fuego (pérdida de calor), del elemento Aire (exhalar el último suspiro).

Las personas que han sufrido “experiencias cercanas a la muerte” afirman que a partir de ellas, sus vidas se transformaron y se tornaron: más libres, con menos miedo a la muerte, más compasivos y abiertos.

La perspectiva familiar transgeneracional  investiga la importancia de la memoria de los ancestros, efectuando un genosociograma que permita revelar la coincidencia de fechas, edades, lugares geográficos de la aparición de la enfermedad o la muerte. De esta manera se puede reconstituir la historia de las enfermedades de la familia, observando el “síndrome aniversario” y profundizando en la “lealtad familiar inconsciente”, en la transmisión de traumatismos “no digeridos”, de duelos congelados que pasan de generación en generación.

 

EL PACIENTE MORIBUNDO

La Dra. Kubler-Ross en su basta experiencia en el acompañamiento de pacientes diagnosticados con enfermedades mortales, discrimina diferentes etapas. En un primer momento, la noticia de la pérdida de la salud genera conmoción, incredulidad, descompensación, negación (puede durar segundos o meses) y aislamiento. La segunda fase se caracteriza por el surgimiento de sentimientos de ira, envidia y resentimiento, que resultan difícil de abordar por parte de los familiares. Existe una etapa de pacto que se hace generalmente con Dios, y que suele guardarse en secreto. Luego, llega un período que se sufren dos tipos de depresiones: una “reactiva, por las pérdidas de aquellas cosas que ya no se pueden hacer (miedo a queda indefenso, deteriorarse, perder la dignidad) y otra “preparatoria” por las pérdidas inminentes de los objetos de amor. En este último caso lo aconsejable es el silencio, el tocar, el acompañar; sin buscar animar al enfermo.

Los pacientes que han llegado a superar sus angustias, sus temores podrán alcanzar la fase de “aceptación”, de abandono de la lucha y lograr la paz interior. Gradualmente va desinteresándose del mundo externo y la muerte es vivida como un alivio. Resulta importante ayudarlos a desligarse de sus relaciones importantes. (Fase de Decatexis). Estas fases pueden coexistir o superponerse. Se recuerda que los sentidos del tacto y el oído son los últimos en desaparecer.

Cicely Saunders ha confirmado que los pacientes saben de la proximidad de la muerte, tanto si se les ha dicho o no. Perciben señales psicofisiológicas de disfuncionalidad. El cuerpo posee su sabiduría. A lo largo del último proceso el moribundo experimenta: dolores, pérdida de fuerza, anorexia, náuseas y vómitos, dificultades respiratoria, estreñimiento y/o incontinencia, úlceras por decúbito, tos, dificultades para tragar.

Frente a estos momentos se necesita apelar a diferentes fuentes de apoyo desde: 1) la propia experiencia vital y la propia concepción de la vida y la muerte, 2) el apoyo de las personas más próximas, 3) el apoyo de otras personas del entorno, como amigos, compañeros,4) el apoyo de profesionales de la medicina, la psicología, servicios social,5) el apoyo espiritual en sus diferentes expresiones.

Como dice A. Schutzenberger: “La enfermedad es estresante y a su vez el estrés aumenta el dolor y la enfermedad.”. Postula reaprender la esperanza, aún en las situaciones difíciles. Lo importante es poder “decir adiós” a sus seres queridos, irse de la manera que desean, habiendo podido terminar las situaciones que consideraban más importantes.

Decía Kubler-Ross, “…ningún ser humano puede morir solo y no únicamente porque el muerto pueda visitar a cualquiera, sino también porque la gente que ha muerto antes que vosotros y a la que amasteis os espera siempre…” “…Cuando se abandona el cuerpo se encuentra en una existencia en la cual el tiempo ya no cuenta, o simplemente ya no hay más tiempo, del mismo modo en que tampoco podría hablarse de espacio y de distancia tal como los entendemos, puesto que en ese caso se trata de nociones terrenales…”. La película “Memorias de Antonia” ejemplifica esta visión de muerte de la que habla Kubler-Ross.

LA FAMILIA

La enfermedad de un ser querido produce necesariamente una revolución emocional. La familia atraviesa las mismas fases de adaptación que el enfermo. Se produce un cambio de funcionamiento de la vida cotidiana, se rompen estructuras, surgen nuevas tareas y responsabilidades, se reacomodan los trabajos diarios.

De la misma manera que el paciente no puede estar permanentemente conectado a la idea de la muerte; sus familiares necesitan sus espacios de distensión. Resulta necesario dosificar y conservar las energías y la paciencia para no agotarse en las primeras etapas. El agotamiento, el dolor, la impotencia , la frustración los puede sorprender “deseando que todo termine de una vez”, unido a profundos sentimientos de culpa.

La experiencia de acompañamiento al doliente puede ser altamente enriquecedora para ambos y no necesariamente espantosa. Una extrema intimidad puede envolverlos; los lazos se refuerzan, se comparten sentimientos de profundo amor, se cierran situaciones inconclusas, se rescata lo valioso de lo vivido y se encuentra el sentido de su viaje por la vida. Estar a disposición de una persona agonizante, no requiere de una destreza especial; sino de una entrega especial, de estar totalmente en el presente, en una actitud de aceptación incondicional, escuchando las necesidades del enfermo. El tocar, masajear, mimar, estar simplemente en silencio siguiendo el pacífico aquietamiento del funcionamiento corporal pueden ser las últimas expresiones de amor por el otro.

 Los parientes también necesitan desahogarse, compartir el dolor, escuchar soluciones prácticas al caos que están viviendo y ser contenidos.

El proceso del duelo, una vez producido el deceso, requiere el permiso para poder expresar el amplio abanico de emociones: tristeza, rabia, resentimiento, impotencia, desesperación, vacío, aceptación de malestares corporales (dolores de pecho, de cabeza, pérdida del apetito, etc) y cambios de conductas habituales como alteraciones en el dormir, en la vida sexual, en la concentración, apatía o hiperactividad, soledad.

Aceptar lo irreversible de la pérdida requiere tiempo y dejar de pelearse con la realidad.

Los rituales ayudan el recorrido del duelo, desde que: facilita la aceptación, legitima públicamente la expresión del dolor, contiene a los deudos. El tipo de rito depende de la sociedad en la que se está inmerso, de la decisión de la familia o del propio muerto.

Frente a la pérdida se pueden seguir diferentes caminos: 1) expresar el dolor y la tristeza hasta cerrar la herida, 2) negar o pegarse al sufrimiento impidiendo la resolución del duelo.

Elaborar un duelo, no implica olvidar, sino aceptar lo inevitable, reconocer lo que vive del muerto en el deudo, sentir el amor más allá de la ausencia, rescatar lo vivido juntos y poder hablar sin que sangre la herida.

 

LA FUNCION TERAPEUTICA

El trabajo con estos pacientes, requiere que el profesional haya revisado la propia visión de la muerte, haya trabajado sus miedos y ansiedades. De esta manera será posible estar en paz junto al lecho del moribundo, facilitar el desahogo, respetar sus tiempos y sus mecanismos defensivos, liberarlo de los temores irracionales.

Los terapeutas tienen que estar capacitados para explicar, dar información y apoyo a quien lo requiera. Deben instrumentar un lenguaje simple y directo, muchas veces solo escuchar, o estar en silencio, o tocar. (volver a una comunicación más corporal que verbal). Sus funciones requieren que: faciliten el reordenamiento del sistema, la selección del familiar más apto para estar cerca del agonizante, ayudar a cerrar asuntos inconclusos, descubrir los puntos débiles y los fuertes, facilitar la expresión de los sentimientos, los terrores, los deseos escondidos, encontrarle un sentido a la vida e incluso a la enfermedad. Poder “decir la verdad”, estando atento al enfermo y respetando sus sentimientos y sus tiempos. La congruencia del profesional como la mentira se expresan a través del cuerpo, la manera de pararse, los gestos, por el intercambio o no de miradas, el acercamiento o el alejamiento; y donde el enfermo reacciona en función de lo que siente y no de las palabras.

Resulta fundamental que el terapeuta que aborda este tipo de problemática tenga presente instrumentar recursos que le permitan mantener su salud psico-física, para no caer en el síndrome de burnt aout

La Organización Mundial de la Salud define los “cuidados paliativos” como la atención activa y global de los pacientes cuya enfermedad no responde al tratamiento curativo, con el fin de mejorar su calidad de vida y la de sus familiares.

Desde hace un tiempo han ido surgiendo terapias complementarias que enriquecen los tratamientos convencionales. El objetivo de las mismas apuntan a una mayor calidad de vida y de muerte, toman en cuenta las necesidades psicológicas, corporales, emocionales y espirituales de los moribundos y sus familiares; abordándolos como totalidades. Para tal fin, pueden implementarse técnicas que abordan lo corporal (hierbas, dietas, masajes, hierbas, etc), lo emocional (aromas, música, mimos, expresión, etc) lo mental (placebos, hipnosis, psicoterapia, visualizaciones, etc ) lo espiritual (oración, meditación, limpieza de aura).

En EE.UU , Commenweal, es un centro de asistencia integral al paciente grave, se fundamenta en la idea que cuando ya no se puede sanar más el cuerpo, se busca sanar el Espíritu. En la Argentina, el Dr. Dopaso  influído por las filosofías orientales trabaja activamente sobre el tema de la muerte.

 

Los avances científicos y tecnológicos plantean problemas legales, morales, éticos y psicológicos. El tema de donantes, receptores, la eutanasia, la prolongación de la vida, etc. Lleva a cuestionamientos profundos y a la incorporación de nuevas variables. Como consecuencia de lo expuesto y ante el peligro de supervivencia de todo el ecosistema, en 1970, el oncólogo Van Renssealaer Potter acuña el término Bioética . (Bio=vida, Ethos=Moral, Etica). . La misma se define como: “Estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud, analizadas a la luz de los valores y principios morales.” Es decir, plantea todos los aspectos legales y morales que rodean a los adelantos de la medicina, desde la procreación humana, la esterilización, modificación del sexo, los transplantes, la muerte cerebral y otros.

La Bioética apuesta al abordaje de la muerte con dignidad.

Todas estas disquisiciones no hacen más que seguir envolviendo de misterio a la muerte y ahogar las certezas en un mar de signos de interrogación.


 

 

1. La Teoría Materialista sostiene que la vida es un viaje de la cuna a la tumba; que la mente es el resultado de ciertas correlaciones de la materia; que el hombre es la más elevada inteligencia del Cosmos; y que su inteligencia muere cuando el cuerpo se desintegra después de la muerte.

2. La Teoría Teológica afirma que en cada nacimiento entra en la arena de la vida un alma recién creada por las manos de Dios, pasando de un estado invisible, a través del nacimiento, a esta existencia visible; que al fin del corto período de la vida en el mundo material pasa, a través de las puertas de la muerte, al invisible más allá, de donde no vuelve más; que su felicidad o desdicha quedará determinada eternamente por las obras que haya hecho durante el infinitesimal período comprendido entre el nacimiento y la muerte.

3. La Teoría del Renacimiento –o Reencarnación- enseña que cada alma es una parte integrante de Dios, y que está desarrollando todas las posibilidades divinas, así como la semilla desarrolla una planta; que por medio de existencias repetidas en un cuerpo terrestre, que va mejorando de calidad gradualmente, esas posibilidades latentes se van convirtiendo en poderes dinámicos; que nadie se pierde por este proceso, pues toda la humanidad alcanzará la meta de la perfección y la reunión con Dios.

Teoría Materialista

Al comparar la teoría materialista con las leyes conocidas del Universo, descubrimos que la continuidad de la fuerza está bien establecida, como la continuidad de la materia, y ambas están más allá de toda necesidad de dilucidación. También sabemos que la fuerza y la materia son inseparables en el mundo físico. Esto es contrario a la teoría materialista, que sostiene que la mente muere al ocurrir la muerte. Si nada puede ser destruido, debe incluirse también a la mente. Además, sabemos que la mente es superior a la materia, puesto que modifica el rostro, convirtiéndolo en un espejo de la mentalidad. Hemos descubierto, además, que las partículas de nuestros cuerpos cambian constantemente; que por lo menos cada siete años cambia cada átomo de los que se componen aquéllos. Si la teoría materialista fuera cierta, la conciencia debiera sufrir también un cambio completo, sin conservar memoria de lo anterior; entonces, en un momento determinado, ningún hombre podría recordar más que los sucesos vividos en los últimos siete años. Y sabemos que no es ése el caso. Recordamos los sucesos de nuestra infancia. Muchos incidentes triviales, completamente olvidados en la conciencia ordinaria, han sido de nuevo recordados claramente por personas que estaban a punto de morir ahogadas y que luego han relatado esa experiencia. Experiencias similares en estado de trance son también muy comunes. El materialismo no puede explicar estas fases de sub y supraconciencia. Las ignora sencillamente. En el grado actual de investigación científica, en el cual los resultados han establecido, más allá de toda duda, la existencia de estos fenómenos, tratar de ignorarlos es un serio inconveniente para poder resolver el grandioso problema de la vida, la Vida misma.

Podemos, pues, pasar con tranquilidad de la teoría materialista a la siguiente, en el mismo orden, por ser la primera completamente inadecuada para resolver el misterio de la vida y de la muerte.

Teoría Teológica

Una de las más grandes objeciones que se le hacen a la doctrina teológica ortodoxa, tal como se expone, es su completa y evidente injusticia. De las miríadas de almas que han sido creadas y que han habitado este globo desde su principio, aun suponiendo que ese principio no sea anterior a seis mil años, el número que se salvaría es insignificante: "¡ciento cuarenta y cuatro mil!" El resto está destinado a ser torturado para siempre. El mal se lleva normalmente la mejor parte. Y uno puede decir con Buda: "si Dios permite tales miserias, no puede ser bueno; y si Él no tiene el poder de impedirlas, no puede ser Dios".

No hay nada en la Naturaleza análogo al método de crear un objeto que pueda ser destruido a continuación. Se dice que Dios desea que TODOS se salven y que no le agrada la destrucción de ninguno, habiendo dado por su salvación a "Su único Hijo"; y, sin embargo, ese "glorioso plan de salvación" falla por su base.

Si un vapor transatlántico, llevando a bordo a dos mil pasajeros, enviara un cablegrama diciendo que se está hundiendo en un banco de arena, ¿se consideraría un "plan" glorioso de salvación el que se enviara en su socorro un pequeño bote capaz de salvar únicamente a dos o tres personas? Ciertamente que no. Sería más bien denunciado como "plan de destrucción" el no enviar la ayuda necesaria para salvar, por lo menos, a la mayoría de los pasajeros en peligro.

Pero el plan de salvación de los teólogos es mucho peor que eso, porque dos o tres sobre dos mil es una proporción intensamente mayor que el plan teológico de salvar únicamente a 144.000 entre todas las miríadas de almas creadas. Podemos, pues, desechar también esa teoría como falsa, porque es irracional. Si Dios es omnisciente, tendría un plan mejor y más eficaz. El teólogo dice que Dios es omnisciente y que la teoría expuesta es cierta. Pero las enseñanzas de la Biblia son muy diferentes.

Teoría del Renacimiento

Consideraremos ahora la teoría del Renacimiento (o de la Reencarnación), que postula la doctrina de un lento desarrollo, efectuado persistentemente por medio de repetidas encarnaciones en formas de creciente eficiencia, por cuyo intermedio llegará un tiempo en el que todos alcanzarán la cumbre del esplendor espiritual, inconcebible para nosotros actualmente. No hay nada ilógico ni difícil de aceptar en dicha teoría. Conforme miramos en nuestro entorno, observamos esa lucha en la Naturaleza por alcanzar la perfección, lenta pero persistentemente. No encontramos ningún proceso de creación súbita o de destrucción, tal como lo postula el teólogo y, en cambio, encontramos por doquier la "Evolución".

La Evolución es la "historia del progreso del Espíritu en el Tiempo". En todas partes, conforme miramos los variados fenómenos del Universo, vemos que el sendero evolutivo es una espiral. Cada vuelta de la espiral es un ciclo. Cada ciclo se sumerge en el próximo, y las espirales son continuas, siendo cada ciclo el producto mejorado del precedente y el creador de los estados más desarrollados que le siguen.

Una línea recta no es sino la extensión de un punto. Ocupa una sola dimensión en el espacio. La teoría materialista y la teológica serían semejantes a esa línea. El materialista dice que la línea de vida parte en el nacimiento y que la hora de la muerte la termina. El teólogo comienza su línea con la creación del alma inmediatamente al nacimiento. Después de la muerte, el alma vive indefinidamente, estando su destino determinado por lo que sembró en el corto período de unos cuantos años. No puede volver atrás para corregir los errores. La línea sigue siempre recta, implicando una cantidad limitada de experiencia, y no habiendo elevación alguna del alma después de la muerte.

El progreso natural no sigue una línea recta como implican esas teorías; ni siquiera un camino circular, porque eso significaría dar vueltas continuamente sin llegar nunca al fin, que sería lo mismo que emplear sólo dos dimensiones del espacio. Todas las cosas se mueven en ciclos progresivos, de manera que puedan gozar de todas las ventajas y de todas las oportunidades de desarrollo que el universo de tres dimensiones pueda ofrecerles, siendo necesario que la vía en evolución tome el sendero de tres dimensiones: la espiral que siempre va hacia adelante y hacia arriba.

Bien sea que miremos la más modesta planta de nuestro jardín o que examinemos uno de los gigantescos árboles de California, con metros de diámetro en el tronco, es siempre lo mismo; cada rama, tallo u hoja brota siguiendo una espiral simple o doble, o en pares opuestos, que equilibra el uno al otro, análogo al flujo y reflujo, al día y a la noche, a la vida y a la muerte y a otras actividades alternativas de la Naturaleza.

Por todas partes se encuentra la espiral: ¡hacia arriba y hacia adelante, para siempre! ¿Sería posible que esta ley, tan universal en todos los otros reinos, no rigiera también la vida humana? ¡No puede ser! La misma ley que despierta la vida en la planta para que crezca de nuevo, trae al hombre para que adquiera nuevas experiencias y progrese más hacia la meta de la perfección. Por lo tanto, la teoría del Renacimiento, que afirma la encarnación repetida en vehículos de creciente perfección, está claramente de acuerdo con la evolución y los fenómenos de la Naturaleza, con la que no concuerdan las otras dos teorías.

Si miramos la vida desde el punto de vista ético, encontramos que la ley del Renacimiento, junto con la de Causa y Efecto, su compañera, es la única teoría que satisface la justicia y está en armonía con los hechos de la vida que vemos en torno nuestro.

Causa y Efecto

No es fácil comprender, para la mente lógica, cómo un Dios "justo y amante" puede exigir las mismas virtudes de los millares de seres que Él mismo ha "colocado bajo diferentes circunstancias", sin regla ni plan alguno aparente, sólo porque sí, y según su capricho. Uno vive lujosamente; el otro tiene que roer su pobre mendrugo. El uno posee una buena educación moral y un ambiente de elevados ideales; el otro está colocado en un ambiente mezquino, donde se le enseña a mentir y a engañar, y cuanto mejor lo hace, mayor éxito tiene. ¿Es justo exigir de ambos lo mismo? ¿Es justo recompensar al uno por vivir honestamente, cuando ha sido colocado en un ambiente tal que es sumamente difícil que peque, o castigar al otro que se encuentra tan constreñido, que apenas puede tener idea de lo que constituye la verdadera moralidad? Seguramente no. Es más lógico creer que nosotros hayamos interpretado mal la Biblia, que imputar a Dios tan monstruoso proceder.

Es inútil decir que nosotros no debemos investigar los misterios de Dios; que están más allá de todo nuestro entendimiento. Las desigualdades de la vida pueden ser explicadas satisfactoriamente por medio de las leyes del Renacimiento y de Causa y Efecto, que armonizan perfectamente con nuestra concepción de un Dios justo y amante, tal como dijo Cristo mismo.

Además, mediante esas leyes, vemos que podemos emanciparnos de nuestra poco deseable condición actual, y adquirir determinado grado de desarrollo por muy imperfectos que actualmente seamos.

Lo que somos, lo que tenemos, todas nuestras buenas cualidades, son el resultado de nuestras propias acciones. Lo que nos falta física, moral o mentalmente puede ser nuestro en el futuro.

Así como no podemos hacer más que volver a vivir todas las mañanas, después del sueño de la noche precedente, así también por nuestras obras en las vidas anteriores hemos creado las condiciones de nuestras futuras vidas. En vez de lamentarnos de la falta de ésta o de aquella facultad que deseamos, debemos buscar los medios necesarios para adquirirla.

Si un niño toca con toda facilidad un instrumento musical, sin mayor esfuerzo aparente, mientras que otro a pesar del persistente esfuerzo toca con dificultad, esto muestra sencillamente que el primero empleó sus esfuerzos en alguna vida anterior. Por lo tanto, posee esa virtud en la música, mientras que los esfuerzos del otro comienzan ahora en esta vida y, por consiguiente, tiene que esforzarse mucho más. Pero si el último persiste, podrá, aun en su vida presente, llegar hasta ser superior al primero, a menos que éste continúe ejercitándose y perfeccionándose.

El hecho de que no recordemos los esfuerzos destinados a adquirir una facultad por medio de un trabajo tenaz no tiene importancia; no altera para nada este hecho, porque la facultad permanece con nosotros.

El genio es la marca de toda alma avanzada, la que por medio de esforzado trabajo en muchas de sus vidas anteriores, se ha desarrollado en alguna dirección mucho más allá que el término medio de la raza. El genio es una demostración del grado de adelanto que poseerá por término medio la Raza venidera. Esto no puede explicarse por la herencia, que sólo está relacionada en parte con el cuerpo físico y no con las cualidades del alma.

Reencarnación en Animales y Plantas

Así pues, las dos leyes –del Renacimiento y de Causa y Efecto- resuelven en forma razonable todos los problemas de la vida humana conforme el ser humano avanza hacia su próximo estado: el super ser humano. El rumbo que sigue el progreso humano siempre es hacia arriba y hacia adelante, según esta teoría; no como algunos creen, que han confundido la doctrina del Renacimiento con las disparatadas enseñanzas de algunas tribus indias que creen que la persona se reencarna en los animales o vegetales. Eso sería una retrogradación. Ni en la Naturaleza ni en los libros sagrados de la India, se puede encontrar algo que sostenga semejante doctrina. En uno (uno solo) de los libros religiosos indios, se toca ese punto. En el Kathopanishad (capítulo V, vers. 9), se dice: "Algunos hombres, de acuerdo con sus deudas (obras) van a la matriz y los otros al "sthanu". "Sthanu" es una palabra sánscrita que significa "un pilar", y esto ha sido interpretado como que algunos seres humanos, debido a sus pecados, han retrocedido al inmóvil reino vegetal.

Los espíritus encarnan solamente con objeto de adquirir experiencia; para conquistar al mundo; para sobreponerse a su yo inferior y conquistar el dominio de sí mismos. Si comprendemos esto, comprenderemos también que llegará un tiempo en el que no habrá ya más necesidad de renacer, porque se habrán aprendido todas las lecciones. Las enseñanzas del Kathopanishad indican que, en vez de permanecer ligado a la rueda de nacimientos y muertes, el ser humano llegará alguna vez a ese estado inmutable de "Nirvana".

Finalmente, aunque la mayoría de la gente no recuerda sus vidas pasadas, hay algunos que las recuerdan, y todos pueden conocerlas si viven la vida necesaria para obtener ese conocimiento. Esto requiere una gran energía de carácter, porque tal conocimiento implicaría el conocer también el destino inminente que puede estar suspendido sobre nuestras cabezas, negro y siniestro, manifestándose como horrendo desastre. La Naturaleza ha ocultado graciosamente el pasado y el futuro, para no robarnos la paz de la mente, impidiendo la pena anticipada de lo que tuviéramos por delante. Conforme vamos adquiriendo mayor desarrollo, aprendemos a dar la bienvenida a todas las cosas con ecuanimidad, viendo en todo dolor el resultado del mal pasado y sintiéndonos gozosos de haber pagado las obligaciones en que habíamos incurrido, sabiendo que nos queda menos por delante y que el día de la liberación de la rueda de nacimientos y muertes se acerca.

La Vida y la Muerte Están Inseparablemente Unidas Entre Sí

La muerte pertenece tanto a la vida como la vida pertenece a la muerte. Ambas no pueden existir sin la otra, puesto que la una es tan dependiente de la otra como el estar despierto y el dormir. Y así como el sueño entra sin que el ser humano lo pueda evadir, así también entra la muerte al final de los días, tanto si la persona lo desea o no. Sin embargo, durante su vida, ella apenas o casi nunca piensa en ello, y ni qué decir de los sentimientos que pueden surgir con respecto a la muerte. Los pensamientos al respecto se expulsan completamente de la conciencia, a pesar de que sería mejor reflexionar a fondo sobre ello para entender el verdadero sentido de la muerte, ya que de ese modo se volvería también claro el sentido de la vida. Pero de ninguna manera, ningún pensamiento y sentimiento va en esa dirección, y esto aún cuando las personas se confrontan diariamente con las malas noticias de guerras, crímenes, accidentes, asesinatos y catástrofes que cuestan la vida a millares. Pero casi nadie piensa que esta muerte también puede alcanzar la vida propia. Con toda evidencia muchas personas parecen creer que la muerte sólo alcanza a los otros, pero no a la propia persona. Sin embargo, precisamente ese no es el caso y no es correcto, pues todos los seres humanos tienen cuerpos materiales que están igualmente integrados al proceso de envejecimiento y al carácter de lo pasajero y por lo tanto fallecerán y tarde o temprano caerán en la muerte. Naturalmente hay una gran diferencia si una muerte sucede de manera natural o accidental, por enfermedad o de manera violenta; sin embargo, sea como sea, será inevitable para todas y cada una de las personas. Por eso el ser humano siempre debe cuidar de enfrentarse intuitivamente y mentalmente con la inevitable realidad de la muerte, es decir, tanto con respecto a la propia persona, como también en relación con los parientes más cercanos y los semejantes en general. A través de esta forma sensata de pensar y a través de los sentimientos controlados que surgen de ello, emerge la certeza que la muerte pertenece tanto a la vida y también a la imparable evolución, como la vida también pertenece a la evolución y a la inevitable muerte. Por eso la muerte nunca debe reprimirse, sino que debe reconocerse como “una madrina” para la continuación de una vida en el más allá, a la cual la forma espiritual le abre el camino para un renacimiento. Por lo tanto, el ser humano debe mirar la cara a la realidad de la muerte y reconocer su sentido y su finalidad y concienciarse de que sólo a través de la muerte puede suceder un progreso hacia otra vida. El ser humano debe familiarizarse con la muerte, la cual significa más que sólo el morir del cuerpo material. realidad, si se reflexiona profundamente sobre la vida y la muerte así como sobre el fallecimiento y el sentido de la vida - el cual significa la evolución consciente – entonces no es difícil comprender la certeza de la muerte. El universo es muy antiguo, sin embargo no hay en él ningún ser vivo que esté ligado materialmente a un cuerpo, ya sea de naturaleza animal o humana, que sea inmortal. Sólo es inmortal la energía creacional, de la cual consisten todas las formas espirituales de naturaleza animal y humana así como vegetal. Así también es propio de la naturaleza del cuerpo humano que sea pasajero, vulnerable y variable, siendo totalmente igual de qué índole sea este cuerpo, tanto gordo como delgado, bonito o feo. En todo caso, desde el nacimiento él va incesantemente en dirección a la muerte y al fallecimiento, no habiendo nada que se lo pueda evitar. Incluso la riqueza o la pobreza no juegan ningún papel en la muerte, tampoco la fuerza corporal o la debilidad, ni la adulación o la hipocresía, ningún soborno, ningún ruego y ningún maldecir o cualquier otra cosa que el ser humano se pueda imaginar para escaparse de la muerte. Es decir que la muerte no hace ninguna distinción y busca a todos los que alguna vez nacieron. Si el ser humano reflexiona sobre la muerte, entonces al principio le invade un cierto malestar que lo intranquiliza, porque al principio, en sus pensamientos y en sus sentimientos, él cree reconocer y sentir algo amenazante en la muerte. Pero esta reacción también es útil, pues ella permite reconocer que la muerte realmente es inevitable y que está presente permanentemente en todas partes. Aunque el ser humano no sabe el momento de su muerte, cuando la vida se le derribará; de todas maneras él debe tener siempre la certeza de que la vida llegará a su fin por medio de la muerte. Nadie sabe cuándo le llegará la última hora; puede ser ya la próxima - o tal vez al día siguiente, en una semana, en un mes o en un año, en una década, o en tres o cuatro. Ninguna persona puede garantizarse a sí misma o a sus semejantes que aún vivirá la próxima noche. Incluso una minúscula circunstancia es capaz de provocar que la compañera muerte exija su derecho y que el ser humano deba abandonar repentinamente y de imprevisto su mundo material.

Las causas para ello pueden ser variadas y se pueden encontrar incluso en los alimentos, en el aire que uno respira o en las medicinas, en venenos y en toda clase de cosas en las que la persona nunca piensa. A fin de cuentas todo es posible para que la muerte le prepare un final a la vida, ya que ella no tiene necesidad de ninguna petición o regla especial, pues se las hace ella misma en todos los casos.

El ser humano bien puede determinar qué labores hace durante su vida y qué forma de amor, de conocimiento, y de sabiduría así como de alegría, de libertad y el carácter de su paz, de su alegría y libertad, él quiera adquirir y construir para sí mismo para cumplir evolutivamente la existencia de su vida, pero a pesar de esto, él últimamente no tiene ningún poder para determinar cuándo la muerte echará mano de él. Incluso cuando la persona se mata a sí misma, ella no posee ningún poder sobre ello, pues a través del suicidio sólo se escapa del tiempo real que es establecido por él mismo; en consecuencia, una ejecución de la propia vida es un hecho de destrucción y una huida cobarde de la vida y de la percepción que se tiene de la responsabilidad ante la vida y ante la muerte.

Cuando la persona muere, entonces pierde su cuerpo físico con todas sus fuerzas corporales. Pero también pierde a todos los seres que le fueron queridos en su vida, su familia y amigos, así como todos los conocidos y demás semejantes. Ella debe dejar atrás todas sus posesiones en el mundo material, así como también su poder y gloria y también sus aptitudes y oportunidades. Ella no puede llevarse nada al más allá, pues en el reino de la muerte no existe ninguna cosa material como en el mundo en el que se vive la vida actual. Tampoco puede ser acompañado por nadie cuando él, el ser humano, pasa de la vida a la muerte; no puede llevar consigo a ningún amigo, a ningún ser querido y ningún conocido, pues en el reino de la muerte sólo existe la energía del espíritu y la energía de la conciencia universal, de la Creación. Cuando el ser humano muere, entonces debe morir sólo, aún cuando esté acompañado por sus seres queridos, amigos y conocidos durante el camino al fallecimiento. Pero esto no es un acompañamiento a la muerte sino solamente un acompañamiento al morir, que no anula la soledad en la muerte y en el morir. El acompañamiento durante el fallecimiento está muy bien; sin embargo, ello no cambia nada en la soledad del fallecimiento, pues este camino debe recorrerlo cada ser humano completamente sólo y nadie puede acompañarle en el fallecimiento real de manera directa y al reino de la muerte. De tal modo que el acompañamiento durante la muerte es sólo un asunto exterior y material que puede traer expresiones de solidaridad material, etc., las cuales hacen que el moribundo, p. ej., reciba amor y sienta paz.

Lo que el ser humano puede llevarse a la muerte es sólo su forma espiritual de naturaleza creacional, pero nada más, pues todo su conocimiento, su verdadero amor, su sabiduría, sus facultades, sus aptitudes, sus costumbres y posibilidades, etc., no están dentro de él mismo sino en los bancos de almacenamiento, los cuales perduran por todos los tiempos y desde los cuales, después del renacimiento de la forma espiritual en un cuerpo nuevo, la personalidad nuevamente creada por el bloque conjunto de la conciencia puede “extraer” nuevamente los conocimientos en forma de impulsos, consciente o inconscientemente. Por lo tanto, con la muerte se conservan y se depositan definitivamente en los bancos de almacenamiento todos los conocimientos y todo talento, así como todos los potenciales que la personalidad acumuló mediante sus pensamientos, sus sentimientos, así como mediante sus acciones y emociones, etc., y luego la personalidad antigua se disuelve mediante un proceso transformador del bloque conjunto de la conciencia para hacerle sitio a una nueva que se creará como algo nuevo.
Si el ser humano se esfuerza durante su vida en organizarla y cumplirla correcta y evolutivamente, y también en prepararse conscientemente para la muerte, entonces también adquirirá respeto ante la muerte y también ganará y mantendrá la confianza para que, al final de sus días, reciba la muerte con dignidad y sepa tratar con eficacia y sin temor las experiencias que se manifiestan durante el proceso de transición a la muerte.

Si el ser humano se capacita verdaderamente durante su vida para desarrollar una concienciación en relación al fallecimiento y a la muerte, entonces será capaz de manejarse de una forma tan digna con su morir y con su muerte como ambas lo merecen. A medida que las funciones particulares del cuerpo material se disuelven poco a poco, entonces aparecen la felicidad, la paz, así como también el verdadero amor y una libertad sin límites, que dejan reconocer la irradiante luz del plano elemental del más allá espiritual. La conciencia decae en agonía, por lo que desaparece el mundo material como a través de un velo y deja el paso hacia una esfera que resplandece con una claridad radiante y que palpita llena de armonía, la cual ningún ojo material puede descubrir. La condición material de la conciencia se disuelve y la luz clara del umbral de la muerte, señala el camino hacia la infinidad creacional del más allá.

 



oati